La sede de la soberanía nacional ha sido testigo, una vez más, del ejercicio de funambulismo político con el que el socialismo contemporáneo gestiona sus escándalos. La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, ha comparecido en la comisión de investigación del Senado para escenificar un blindaje numantino en torno a las figuras de su partido salpicadas por la corrupción, desde el expresidente Zapatero hasta el núcleo de la trama de las ‘cloacas de Ferraz’. Su intervención no fue una rendición de cuentas, sino la construcción de un cortafuegos para proteger al aparato, dinamitando en el proceso cualquier vestigio de credibilidad de su manido lema de «tolerancia cero».
El doble rasero: Zapatero es ‘patrimonio’, Ábalos es lastre
El punto más flagrante de la estrategia socialista quedó expuesto al justificar el trato diferencial entre José Luis Rodríguez Zapatero y José Luis Ábalos. Mientras el segundo fue expulsado de forma fulminante por su vinculación política al ‘caso Koldo’, al primero se le mantuvo la militancia y se le defendió a ultranza cuando fue investigado en el ‘caso Plus Ultra’. La justificación de Narbona es un monumento al cinismo político.
– Cristina Narbona, en el Senado (27 de noviembre de 2024, recogido por ABC)
Una investigación interna que nunca llega: la estrategia de ganar tiempo
La negativa a abrir una investigación interna sobre la trama que afecta al exsecretario de Organización, Santos Cerdán, y a la exmilitante Leire Díez, es la prueba definitiva de que Ferraz prefiere la opacidad a la depuración de responsabilidades. La excusa es tan predecible como endeble: esperar a que la justicia actúe. Sin embargo, la propia Narbona reconoció ante el juez Santiago Pedraz la existencia de «indicios preocupantes» en los informes de la UCO.
Poner «la verdad por delante» sería, precisamente, investigar de inmediato esos «indicios preocupantes» en lugar de esconderse tras las togas. La estrategia es clara: dejar que el tiempo judicial, deliberadamente lento, diluya el escándalo y permita al partido controlar el relato.
El cortafuegos sobre Santos Cerdán y la ‘caja B’
Narbona ha intentado desvincular al partido de las acciones de su ex número tres, Santos Cerdán, llegando a afirmar que no formaba parte del «núcleo del partido», una declaración asombrosa tratándose del Secretario de Organización. Además, ha negado la existencia de una ‘caja B’, aunque ha admitido pagos en efectivo para gastos menores, una práctica que siempre genera sospechas. Su intento de individualizar la culpa es un clásico manual de gestión de crisis.
La comparecencia de Narbona no ha servido para aclarar nada, sino para confirmar una estrategia de ocultación y protección de las élites del partido. Se protege el legado de Zapatero, se minimiza el papel de Cerdán y se pospone cualquier medida drástica con la esperanza de que el escándalo se desvanezca. Es la viva imagen de un partido que predica una regeneración que es incapaz de aplicarse a sí mismo.
Cronología de la evasiva socialista
- Caso Ábalos: Expulsión fulminante ante la presión mediática por una responsabilidad ‘in vigilando’.
- Caso Zapatero: Defensa cerrada y mantenimiento de la militancia durante su investigación en el ‘caso Plus Ultra’.
- Cloacas de Ferraz: Narbona admite «indicios preocupantes» pero se niega a abrir una investigación interna.
- Próximo hito: La gerente del PSOE, Ana María Fuentes, declarará como imputada el 9 de septiembre, cercando judicialmente las finanzas del partido.



