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La OCDE destapa la trampa china: el acero dopado con subvenciones ahoga a una España lastrada por los costes del Gobierno

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha encendido todas las alarmas, pero no ha descubierto nada nuevo: la competencia desleal de China, alimentada por un torrente de subvenciones estatales, está llevando al colapso a la industria siderúrgica occidental. El último informe del organismo es un crudo retrato de una guerra comercial asimétrica donde el gigante asiático juega con las cartas marcadas, mientras Europa, y en particular España, se autoinflige heridas con una política energética y regulatoria suicida.

China: una inundación de acero dopado con dinero público

Las cifras que presenta la OCDE son la crónica de una distorsión masiva del mercado. No estamos hablando de libre competencia, sino de una estrategia de Estado para dominar un sector estratégico a cualquier coste. El objetivo es claro: ahogar a los competidores para generar una dependencia global del acero chino.

DATO CLAVE: Exceso de capacidad desbocado
El exceso de capacidad mundial de acero, que ya se situaba en 640 millones de toneladas en 2025, se disparará hasta los 745 millones de toneladas en 2028. China es el principal responsable, planeando añadir 38,6 millones de toneladas de nueva capacidad, mientras la demanda global apenas crece.

Este tsunami productivo se financia con dinero público. Según la OCDE, una acería china promedio recibió en 2024 subvenciones 15 veces superiores a las de sus competidores en otros países. Con esta ventaja, China exportó 131 millones de toneladas en el último año, un volumen superior a toda la producción anual de la Unión Europea. Para eludir las tímidas barreras arancelarias, Pekín utiliza además una argucia: exporta acero semielaborado a países del sudeste asiático para su acabado final, blanqueando así su origen antes de inundar los mercados occidentales.

España se dispara en el pie: la asfixia energética y regulatoria

Mientras China dopa a su industria, el Gobierno de España y sus socios en Bruselas se dedican a lastrar la suya. La siderurgia española, con empresas clave como ArcelorMittal, Acerinox o Sidenor, se enfrenta a una tormenta perfecta: una competencia exterior desleal y una asfixia interior provocada por decisiones políticas.

El Gobierno lamenta la amenaza sobre el empleo industrial mientras sus políticas energéticas, basadas en el cierre programado de nucleares y un fanatismo renovable sin respaldo firme, disparan los costes de producción. La energía ya supone hasta el 40% de los costes totales de una acería en España, un lastre competitivo que no existe en China y que es una condena directa a la deslocalización.

A la factura energética se suma la maraña regulatoria. La estricta normativa medioambiental europea, como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), aunque bienintencionada, sitúa a nuestras empresas en una grave desventaja. Se les exige producir con los estándares más limpios y caros del mundo para luego competir con un acero chino fabricado sin apenas controles medioambientales y con energía barata procedente del carbón.

APUNTE JURÍDICO: El parche del CBAM
El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) busca igualar el coste del carbono de las importaciones con el de la producción europea. Sin embargo, su implementación es compleja y no compensa el diferencial masivo de las subvenciones directas chinas ni los costes energéticos internos. En la práctica, funciona como un parche burocrático ante una hemorragia industrial causada por políticas domésticas erróneas.

Bruselas: entre la impotencia y las soluciones tardías

La Unión Europea responde con lentitud y con herramientas que se demuestran insuficientes. Los derechos antidumping y las salvaguardas son necesarios, pero no atacan la raíz del problema. Como advirtió el propio secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, la solución pasa por atajar las prácticas desleales en origen.

«Tenemos que abordar las causas de raíz, entre ellas las subvenciones perjudiciales y otras prácticas ajenas al mercado».

– Mathias Cormann, Secretario General de la OCDE.

El debate en Bruselas es un reflejo de su parálisis: los países del sur, como España, claman por más protección, mientras que los del norte se resisten, temerosos de una escalada proteccionista. Lo que no entienden es que la inacción es la vía más rápida para la irrelevancia industrial.

La viabilidad de un sector estratégico para la construcción, la defensa y la transición energética está en juego. Si el Gobierno de España no revierte sus políticas energéticas y fiscales, que nos hacen cada vez menos competitivos, de nada servirán las quejas en Bruselas. Estaremos pidiendo a Europa que nos proteja de un competidor al que nosotros mismos hemos dado todas las ventajas para vencernos.

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