Crisis sin paliativos en Junts per Catalunya (JxCat). El avance imparable de Aliança Catalana en las encuestas, la alarmante falta de dirección estratégica, el creciente aislamiento de Carles Puigdemont en Waterloo y una sangría de deserciones en el ámbito municipal han colocado al partido heredero de la Convergencia de Jordi Pujol al borde del abismo.
Cualquier comparación con la antigua Convergència es un ejercicio de nostalgia. Las siglas de Pujol llegaron a aglutinar a 50.000 afiliados en sus mejores momentos. Hoy, según datos de la propia formación, Junts apenas supera los 6.000 militantes. Un reflejo de su pérdida de músculo y relevancia política.
La salida del Gobierno de la Generalitat, la pérdida de peso específico en los ayuntamientos y una dirección errática personificada en Puigdemont han dejado al partido en una posición de extrema debilidad, vulnerable a una absorción de facto por parte de Aliança Catalana, la fuerza emergente y sin complejos del separatismo más radical.
La OPA hostil de Sílvia Orriols: Fuga de cuadros y caos municipal
Sílvia Orriols está pescando con éxito en las agitadas aguas de Junts. Las deserciones de cargos y militantes hacia Aliança Catalana (AC) son constantes y evidencian una profunda crisis interna. El goteo es incesante:
- Caso Cambrils: El portavoz de Junts en el Ayuntamiento de Cambrils (Tarragona), Enric Daza, ha anunciado que será el candidato de Orriols en la localidad. Un movimiento que inicialmente parecía arrastrar a todo el grupo municipal y que destapa el descontento en las bases.
- Implosión en Gerona: En el feudo histórico de Puigdemont, la formación ha abandonado el gobierno municipal sin explicaciones convincentes, dejando en minoría a CUP y ERC. La líder local, Gemma Geis, alude a disputas menores sobre la gestión de un cine o tiendas de bicicletas, excusas que no ocultan la verdadera razón: la presión de AC y la falta de un proyecto claro.
Aunque Geis niegue la influencia de Aliança Catalana, la realidad es que cada movimiento en Junts parece una reacción desesperada al empuje de Orriols y al pánico que generan las encuestas.
La última bala: un ‘efecto Puigdemont’ dependiente de Europa
La única y remota esperanza para Junts reside en un fallo favorable a la amnistía por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). En el partido confían en que una decisión positiva propicie un ‘efecto Puigdemont’ que saque al prófugo de su letargo y rescate a la formación de su deriva hacia la irrelevancia.
El abogado de Puigdemont, Gonzalo Boye, se muestra optimista sobre la validación de la amnistía por parte del TJUE. Sin embargo, es crucial entender que un fallo favorable no implicaría un regreso inmediato. El Tribunal Constitucional español deberá resolver primero los recursos pendientes, un proceso que podría demorarse hasta, como mínimo, finales de septiembre. La seguridad jurídica, una vez más, queda supeditada a los tiempos políticos.
Mientras tanto, la relación con sus socios en Madrid se ha dinamitado. Según publicó El Mundo, Puigdemont decidió romper con Pedro Sánchez al sentirse estafado por las «dilaciones injustificadas» en la aplicación de la amnistía. El líder de Junts considera que el presidente del Gobierno ha jugado con los tiempos para mantenerlo fuera de España y garantizarse así su apoyo parlamentario.
Puigdemont acusa al Gobierno de ser mucho más generoso con ERC, que ha capitalizado la condonación de la deuda y la mejora de la financiación autonómica. ¿El gran logro de Junts en Madrid? La introducción de los pinganillos en el Congreso. Acuerdos clave como el traspaso de competencias de inmigración han quedado en papel mojado. El resumen es un fracaso rotundo en su estrategia de negociación con el PSOE.
Convencido de que todo lo que podía salir mal en sus pactos con Sánchez ha salido mal, Puigdemont fía ahora su futuro y el de su partido a una carambola judicial en Europa que le permita regresar y reconectar con un electorado que, día a día, busca alternativas más firmes en el independentismo.



