Asociación Española de Contribuyentes


Trump, el despertador de Europa: la UE se enfrenta a su peligrosa dependencia militar y tecnológica

Lo que muchos analistas europeos despacharon como una anomalía pasajera se ha consolidado como el catalizador que ha hecho saltar por los aires décadas de complacencia. La figura de Donald Trump y su pragmatismo descarnado sobre las alianzas internacionales han obligado al Viejo Continente a mirarse en un espejo que devuelve una imagen inquietante: la de una potencia económica con una alarmante fragilidad estratégica, acostumbrada a que su seguridad fuera financiada por el contribuyente norteamericano.

En el II Encuentro Industria de Defensa, organizado por Expansión, las voces más autorizadas del sector han coincidido en un diagnóstico unánime y severo: la autonomía estratégica ha dejado de ser un debate académico para convertirse en una necesidad existencial. La imprevisibilidad de Washington y un orden mundial en plena ebullición han puesto fin al letargo.

El fin del letargo estratégico a golpe de realidad

La Unión Europea ha vivido durante demasiado tiempo en un estado de parálisis autoinducida, confiando en el paraguas protector de la OTAN sin asumir su cuota de responsabilidad. Javier Colomina, representante especial del secretario general de la OTAN, lo expresó sin rodeos, atribuyendo a Trump el mérito involuntario de haber sacudido las conciencias.

«A Europa la han despertado de un letargo estratégico. Si no hubiera sido por el denostado presidente norteamericano, seguiríamos en ese letargo. Es una oportunidad para que Europa empiece a tomar las decisiones en materia de seguridad y defensa que lleva postergando».

— Javier Colomina, representante especial del secretario general de la OTAN.

Esta sacudida expone una dependencia que roza lo humillante. Colomina recordó que el 90% del material militar que Ucrania utiliza para defenderse de la invasión rusa proviene de Estados Unidos. «Europa no es capaz de generar esos misiles», sentenció. La consecuencia lógica es una llamada a la acción: elevar el gasto militar hasta el 3,5% del PIB para empezar a construir una soberanía industrial real y dejar de depender de la tutela de Washington.

España: entre la retórica grandilocuente y la cruda realidad presupuestaria

En este contexto, el Gobierno de Pedro Sánchez no ha perdido la oportunidad de proyectar una imagen de liderazgo. La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, afirmó con contundencia que «Europa debe asumir su capacidad para protegerse». Sin embargo, las palabras contrastan violentamente con los hechos y, sobre todo, con los presupuestos.

LA REALIDAD

Pese a las declaraciones del Ejecutivo, España sigue a la cola de la OTAN en inversión en Defensa. Según el informe oficial de la Alianza de julio de 2023, el gasto español se situó en el 1,26% del PIB, muy lejos del objetivo mínimo del 2% acordado por los aliados y a años luz del 3,5% que los expertos consideran necesario para alcanzar una autonomía real.

La soberanía tecnológica: el talón de Aquiles de Europa

El desafío no es solo militar, sino profundamente industrial y tecnológico. Proyectos tractores como el futuro caza europeo (FCAS) son vitales, pero la base industrial europea presenta grietas alarmantes. Las advertencias de los líderes del sector son unánimes y preocupantes.

DATO CLAVE: DEPENDENCIA CRÍTICA

Expertos como Fernando Fernández (CEO de EM&E Group) y Jesús B. Serrano (CEO de GMV) alertan de que «casi el 80% de la Defensa se compra fuera». La carencia en áreas estratégicas como los semiconductores y la electrónica avanzada deja a Europa en una posición de extrema vulnerabilidad.

Esta debilidad se extiende al ciberespacio. La dependencia de la tecnología en la nube y la inteligencia artificial de gigantes estadounidenses plantea un escenario de pesadilla, como advirtió Jacinto Cavestany, CEO de Evolutio:

«Si Estados Unidos decidiera apagar sus compañías, Europa tendría muy poco margen de maniobra».

La conclusión es demoledora: la soberanía europea no se construirá solo con fragatas y cazas, sino con el control de sus propias infraestructuras digitales y cadenas de suministro tecnológico. Como resumió Luis Furnells, presidente del Grupo Oesía, «hemos pasado de la Europa del bienestar a la Europa de la seguridad y del bien defender». Una transición forzosa que exigirá a los gobiernos europeos, y especialmente al español, mucho más que discursos: requerirá la valentía de tomar decisiones impopulares y la coherencia de respaldarlas con presupuestos creíbles. La era de la seguridad subvencionada ha terminado.