La maquinaria de Ferraz ha cumplido el guion previsto. La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, ha sido proclamada oficialmente candidata del PSPV a la Presidencia de la Generalitat Valenciana para 2027. La designación se produce tras un proceso de primarias descafeinado, en el que no ha habido ni un solo rival. Un trámite que consagra el control absoluto de Pedro Sánchez sobre la federación valenciana y que plantea serias dudas sobre la salud democrática interna del partido.
Unas ‘primarias’ a la búlgara: la unidad por imposición
El relato oficial habla de «unidad interna» y consenso en torno a la figura de Morant. Sin embargo, la realidad es que su proclamación como candidata única es la culminación de un proceso de control férreo orquestado desde la dirección federal del PSOE. La ausencia de alternativas no es fruto de un apoyo unánime, sino de la neutralización previa de cualquier posible competidor.
La ‘unidad’ que exhibe el PSPV fue forjada a principios de 2024, cuando Ferraz intervino para evitar una contienda por la secretaría general del partido. Los otros dos aspirantes con peso, Carlos Fernández Bielsa y Alejandro Soler, fueron presionados para retirarse y aceptar la candidatura de Morant, la favorita de Pedro Sánchez. Como informó El Confidencial el 26 de enero de 2024, fue una imposición directa para evitar una guerra interna que debilitara la imagen de la ministra. Las primarias para la candidatura a la Generalitat han sido, por tanto, el último acto de una obra ya escrita.
Morant, en un acto en su Gandia natal, aseguró que da el paso para «ganar y devolver la dignidad a la Generalitat», un eslogan grandilocuente que choca con la realidad de un partido cuya democracia interna ha sido sacrificada en el altar de la disciplina madrileña.
«És el pas més important de la meua vida: em presente per a ser la pròxima presidenta de la Generalitat. És el moment d’alçar la mirada i de recuperar l’orgull. Anem a fer-ho junts.»
– Diana Morant, en su cuenta de X (4 de julio de 2026)
El doble sombrero: Ministra a tiempo parcial, candidata a tiempo completo
La proclamación de Morant, a tres años de las elecciones, plantea otra cuestión de fondo: su compatibilidad del cargo de Ministra de Ciencia, Innovación y Universidades con una precampaña electoral de larguísimo recorrido. Esta dualidad le otorga una plataforma mediática y unos recursos institucionales inalcanzables para cualquier otro actor político, desdibujando la línea entre la gestión gubernamental y la promoción personal. Cada visita, cada anuncio y cada inversión del Ministerio en la Comunidad Valenciana será inevitablemente interpretada en clave electoral, un uso ventajista de las instituciones que deteriora la confianza ciudadana.
Aunque la ley no prohíbe explícitamente compaginar un cargo ministerial con una candidatura autonómica, la práctica genera un evidente conflicto de intereses. La Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, establece principios éticos y de actuación que buscan garantizar la neutralidad de los altos cargos. Utilizar un ministerio como trampolín electoral choca frontalmente con el espíritu de esta norma y con la exigencia de imparcialidad que se le presupone a un miembro del Gobierno de España.
El verdadero reto: la aritmética electoral frente al PP de Mazón
Más allá de las luchas de poder internas, el principal desafío de Diana Morant es electoral. La «pulsión de cambio» que dice percibir no se corresponde con los resultados de los últimos comicios. El gobierno de Carlos Mazón (PP), en coalición con Vox, goza de una mayoría estable en Les Corts Valencianes, y el bloque de la izquierda necesita una remontada histórica para recuperar el poder perdido en 2023.
El bloque de la derecha sumó 53 escaños (40 PP + 13 Vox), superando con claridad la mayoría absoluta (50). El bloque de la izquierda, liderado por el entonces presidente Ximo Puig, se quedó en 46 escaños (31 PSPV + 15 Compromís). Este es el punto de partida real para las aspiraciones de Morant.
Mientras el PSPV cierra filas en torno a su candidata designada, el Partido Popular, con Carlos Mazón como líder natural para la reelección, se centra en la gestión. La estrategia socialista de adelantar la carrera electoral tres años puede resultar contraproducente, exponiendo a su candidata a un desgaste prematuro frente a un gobierno que aún tiene toda la legislatura por delante para consolidar su proyecto.
Un legado de alternancia y la sombra de Puig
Morant se convierte en la primera mujer en encabezar la lista del PSPV, un hito simbólico que el partido explotará. Sin embargo, hereda un legado complejo. La era de Ximo Puig, que recuperó la Generalitat en 2015 con el ‘Pacto del Botànic’, terminó con una derrota que evidenció el agotamiento de las coaliciones de izquierda. El reto de Morant no es solo ganar, sino reconstruir un proyecto capaz de ilusionar más allá de su propio electorado.
- Joan Lerma (1983-1995): El primer presidente, que gobernó durante tres legislaturas.
- Travesía en el desierto (1995-2015): Veinte años de oposición con varios candidatos (Asunción, Pla, Alarte) que no lograron desbancar al PP.
- Ximo Puig (2015-2023): Recuperó el poder con pactos, pero lo perdió tras dos legislaturas, devolviendo al PSPV a la oposición.
En definitiva, la proclamación de Diana Morant es menos una victoria democrática y más una demostración de poder de Pedro Sánchez. Una candidata ungida desde Madrid, con el reto mayúsculo de revertir una derrota electoral reciente y convencer a los valencianos de que su proyecto, nacido de un dedazo, es la mejor alternativa para la libertad y la prosperidad de la Comunidad Valenciana.
