La jornada de votación para las elecciones presidenciales en Portugal se desarrolla este domingo con una notable afluencia a las urnas, un dato que el aparato estatal ha celebrado como un éxito de movilización. Según declaró el portavoz de la Comisión Nacional Electoral, André Wemans, la participación hasta el mediodía alcanzó el 21,18%, superando los registros de comicios anteriores.
«Todo está transcurriendo sin problemas y con una participación más alta que en las elecciones presidenciales anteriores», afirmó Wemans, mostrando un cauto optimismo. «No podemos tener certeza hasta que se cierren las urnas, pero esperamos que este incremento en la participación se mantenga», añadió. Más de 11 millones de ciudadanos están convocados para seleccionar al nuevo jefe de Estado que reemplazará a Marcelo Rebelo de Sousa.
El espejismo del poder presidencial
Mientras el engranaje electoral funciona con la precisión esperada, cabe preguntarse qué poder real están delegando los ciudadanos portugueses. A pesar de la solemnidad del acto, la figura del Presidente de la República en Portugal, aunque relevante, ostenta un poder más simbólico y moderador que ejecutivo, una realidad jurídica que a menudo se diluye en el fragor de la contienda política.
Participación y legitimidad del sistema
El incremento en la participación es, sin duda, una buena noticia para la legitimidad del sistema. Los centros de votación en Portugal continental y Madeira operarán hasta las 19:00 hora local, mientras que en las Azores lo harán una hora más tarde. De los más de 11 millones de electores, una cifra considerable, más de 1,7 millones, reside en el extranjero, lo que evidencia la dimensión global del proceso.
Sin embargo, la alta movilización no debe desviar el foco del análisis fundamental: el poder que se elige es limitado. La elección del Presidente es un acto de soberanía popular, pero su resultado tiene un impacto acotado en las políticas diarias que afectan a los ciudadanos, cuya dirección sigue dependiendo del Gobierno y de la mayoría parlamentaria que lo sustenta. El ritual democrático se cumple, pero el poder real reside en otra parte.
