El triunfalismo del Gobierno sobre el control de la inflación ha chocado de frente con la dura realidad de marzo. El Índice de Precios de Consumo (IPC) ha repuntado con fuerza hasta el 3,2% interanual, cuatro décimas por encima del dato de febrero (2,8%), según el indicador adelantado publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Este frenazo en la desinflación no es fruto de la casualidad, sino consecuencia directa de dos factores clave: la voracidad fiscal del Ejecutivo y la inestabilidad geopolítica que afecta a la energía.
Mientras el Ministerio de Economía, dirigido por Carlos Cuerpo, intenta desviar la atención hacia los carburantes, la realidad es que la decisión de restaurar el IVA de la electricidad del 10% al 21% desde el 1 de marzo ha sido un acelerador directo de la inflación, un castigo fiscal que golpea directamente a familias y empresas en un momento de máxima fragilidad.
El Gobierno, principal motor de la subida
El relato oficial se desmorona al analizar las causas del repunte. El propio INE señala en su nota de prensa que la subida se debe, principalmente, al encarecimiento de la electricidad y los carburantes. Lo que el Gobierno omite es su papel protagonista en el primer factor. La retirada de las ayudas fiscales, una medida puramente política, ha provocado que el recibo de la luz sea notablemente más caro para todos los españoles, impactando de lleno en el IPC general.
El Ejecutivo se aferra a la moderación de la inflación subyacente —la que no incluye energía ni alimentos no elaborados— como un clavo ardiendo. Este indicador ha descendido dos décimas, hasta el 3,3%, situándose por primera vez en dos años por encima del índice general. Sin embargo, este dato no puede ocultar que el coste de la vida real, el que se refleja en la factura de la luz y al llenar el depósito, vuelve a tensionar los presupuestos familiares.
- IPC General: 3,2% (un repunte de 0,4 puntos respecto a febrero).
- IPC Subyacente: 3,3% (un descenso de 0,2 puntos).
- Causa principal del repunte: Subida del IVA de la electricidad al 21% y encarecimiento de los carburantes.
La frágil coartada de la subyacente
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, no tardó en salir a celebrar la moderación de la subyacente, obviando el preocupante repunte del índice general. Esta estrategia comunicativa busca vender un éxito que los ciudadanos no perciben en sus bolsillos.
– Carlos Cuerpo, Ministro de Economía (Declaraciones a medios, 27 de marzo de 2024, recogidas por Europa Press).
Estas declaraciones contrastan con la realidad de un apoyo a los vulnerables que se retira vía subida de impuestos indirectos, los más regresivos. La moderación de la subyacente, si bien es una noticia positiva, indica una menor presión inflacionista en el núcleo de la economía, pero no alivia el impacto directo y severo de las políticas energéticas y fiscales del Gobierno.
Incertidumbre en el horizonte
El encarecimiento de los carburantes, ligado a la subida del precio del petróleo Brent por encima de los 85 dólares debido a la inestabilidad en Oriente Medio, añade más presión a la economía. A esto se suma la próxima retirada de la rebaja del IVA a alimentos básicos, prevista para junio, que amenaza con generar un nuevo repunte inflacionario.
En definitiva, el espejismo de la desinflación se desvanece. El Gobierno, lejos de facilitar el alivio a las familias, se ha convertido en un agente inflacionista a través de sus decisiones fiscales, dejando a los españoles más expuestos a los vaivenes de los mercados energéticos y con una menor capacidad para afrontar un coste de la vida que se niega a dar tregua.



