El barniz de lealtad y camaradería que rodeaba al exministro José Luis Ábalos y su inseparable asesor Koldo García ha saltado por los aires. La declaración de Patricia Úriz, ex pareja de Koldo, en el Tribunal Supremo no solo ha confirmado las peores sospechas sobre el manejo de dinero en efectivo en la órbita del PSOE, sino que ha desvelado una trama de animadversiones personales y favores económicos que retrata el verdadero rostro del poder sanchista.
Un apodo que dinamita la relación: ‘Puta 1’
La comparecencia de Úriz, que llegó al tribunal con una peluca roja y mascarilla en un intento de pasar desapercibida, se centró en las preguntas de su propia abogada, la misma que defiende a Koldo. Pese a este control, la revelación fue demoledora y expuso el nivel de desprecio que existía entre los círculos más íntimos de Ábalos y García.
«No nos llevábamos bien», fue la escueta justificación de Úriz, quien añadió sentirse «muy, muy arrepentida, nunca tenía que haberla puesto así». Una disculpa tardía que no mitiga la gravedad del insulto ni la tensión que evidencia.
El juicio de los silencios y la ira del fiscal
La declaración de Úriz se enmarca en una estrategia generalizada de obstrucción. El juicio se ha convertido en un desfile de testigos que, amparados en su derecho a no declarar para no incriminarse en otras causas, se niegan a responder a las preguntas de la fiscalía y las acusaciones. Una táctica que el fiscal Alejandro Luzón calificó de «actitud pueril».
Dinero en armeros y sobres del PSOE
Más allá de las rencillas personales, el testimonio de Úriz arrojó luz sobre el opaco manejo financiero del entorno. Justificó los miles de euros en metálico hallados por la UCO en su domicilio con explicaciones inverosímiles. Según su versión, el dinero no estaba en una caja fuerte, sino «en un armero porque Koldo tenía armas y estaban guardadas bajo llave».
La UCO encontró 24.000 euros en metálico. Úriz afirmó que 13.000 euros eran suyos y que «Koldo no sabía que estaban allí». Los otros 11.000 euros eran, supuestamente, «para gastos comunes de la casa». Una normalización de la tenencia de grandes cantidades de efectivo que levanta todas las alarmas.
Pero la confesión más grave vincula directamente al Partido Socialista. Úriz admitió sin tapujos haber recogido dinero en metálico de la sede del PSOE para sufragar gastos del partido cuando Ábalos era su todopoderoso Secretario de Organización.
«A veces recogía los sobres porque Celia [una empleada del partido] me llamaba, ya que no le gustaba tener mucho dinero en el cajón», declaró Úriz, confirmando que los pagos se hacían siempre «en efectivo y en mano, nunca por transferencia ni bizum». Una práctica que evoca las peores épocas de la financiación irregular de los partidos.
Koldo, el ‘cajero automático’ de Ábalos
El testimonio de Úriz dibuja a Koldo García no solo como el hombre para todo de Ábalos, sino también como su financiador personal para evitar conflictos familiares. Según ella, adelantaban dinero constantemente para los gastos del exministro, una situación que generaba tensiones en la pareja.
- Manutención: Koldo pagaba la manutención del hijo menor de Ábalos (de una pareja anterior a Perles) «porque a Carolina no le gustaba y así evitaba discusiones».
- Vacaciones de lujo: Adelantaron 8.000 euros para alquilar un chalet para la familia Ábalos en Marbella. «Reñía a Koldo, porque me parecía excesivo. Discutimos porque Ábalos no devolvía el dinero tan rápido como me esperaba», confesó.
- Generosidad selectiva: Describió a Koldo como alguien que pagaba las juergas de sus amigos para que sus esposas no se enteraran, y luego ellos le devolvían el dinero en metálico.
La declaración de Patricia Úriz es una bomba de relojería para el PSOE y para la defensa de Ábalos. Pinta un cuadro de descontrol financiero, pagos en B y relaciones personales tóxicas en el corazón del poder. Mientras el juicio avanza, cada testimonio desvela una nueva capa de una trama que va mucho más allá de la compra de mascarillas.
