El Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha una masiva operación de evacuación que, según cifras oficiales, alcanzará este martes los 6.000 españoles repatriados desde Oriente Medio. El anuncio, realizado por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, llega en un momento de máxima tensión bélica en la región, desatada tras la agresión de Irán. Aunque la logística de la operación es notable, la tardanza en la reacción del Ejecutivo vuelve a poner de manifiesto una preocupante falta de anticipación ante crisis internacionales anunciadas.
La versión oficial: cifras y vuelos de emergencia
En la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, un satisfecho Albares desgranó los datos de la repatriación. Hasta la fecha, 5.685 españoles han sido evacuados, y se espera la llegada de más de 300 compatriotas este mismo martes en cinco vuelos procedentes de Emiratos Árabes y Catar. Estas rutas se han convertido en los principales corredores de salida tras el cierre del espacio aéreo en otras zonas de conflicto.
- Total evacuados (previsto martes): ~ 6.000 personas.
- Ya repatriados: 5.685 personas.
- Llegada inminente: +300 personas desde Emiratos Árabes y Catar.
- Operación en Irán: Completada con éxito el pasado sábado.
El ministro insistió en que el dispositivo de evacuación sigue activo a través de todas las vías posibles, coordinado por las embajadas y consulados en la zona, que durante días han estado desbordados por las peticiones de ayuda de miles de residentes y turistas atrapados por el conflicto.
– José Manuel Albares, en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros.
La realidad: una reacción tardía a una crisis anunciada
Pese al tono triunfalista del ministro, la realidad es que la operación de evacuación se activó ‘in extremis’, solo después de que la escalada militar se convirtiera en un conflicto abierto. Durante semanas, los servicios de inteligencia de potencias aliadas advirtieron de la inminencia de un ataque, pero el Gobierno español, más centrado en su agenda ideológica interna y en gestos como el reconocimiento del Estado palestino, pareció ignorar las señales de alarma.
Mientras el Gobierno celebra la cifra de evacuados, la operación se activa solo después de que el conflicto alcanzara un punto de no retorno, dejando a miles de ciudadanos en vilo durante días y sin directrices claras por parte de las legaciones diplomáticas.
Esta falta de previsión contrasta con la agilidad de otros países de nuestro entorno, que recomendaron a sus ciudadanos abandonar la región mucho antes y prepararon sus planes de contingencia con mayor antelación. La improvisación ha obligado a fletar vuelos de urgencia y a depender de la buena voluntad de países como Emiratos Árabes y Catar, evidenciando una vez más la debilidad de la política exterior española bajo el mandato de Sánchez, más orientada a la propaganda que a la protección efectiva de los intereses y la seguridad de sus ciudadanos en el exterior.
La evacuación de 6.000 personas es, sin duda, un éxito logístico. Sin embargo, no puede ocultar el fracaso estratégico de un Gobierno que, una vez más, llega tarde a una crisis internacional de primer orden.
