Cuando las reglas de un juego se modifican en mitad del partido, suele ser para beneficiar a uno de los jugadores. Esto es lo que parece estar ocurriendo en los mercados financieros tras la reciente rebaja de la calificación crediticia de Francia. En lugar de ajustar sus carteras al nuevo escenario de riesgo, algunas de las principales gestoras de inversión colectiva han optado por una solución más drástica: cambiar sus propias reglas internas para no tener que reconocer la devaluación de la deuda pública francesa que atesoran.
Una Realidad Financiera Ineludible
La situación de las finanzas públicas francesas es un secreto a voces en los círculos económicos. Con una deuda que supera los 3,3 billones de euros, más del 115% de su Producto Interior Bruto, el país se encuentra en una posición de extrema vulnerabilidad. Este nivel de endeudamiento, destinado a sostener un elevado gasto público, ha llevado a las agencias de calificación a actuar. La rebaja de su ‘rating’, aunque para muchos analistas ha sido tardía y tímida, no es más que el reconocimiento de una realidad económica insostenible.
La reacción lógica del mercado debería haber sido una revalorización del riesgo asociado a los bonos franceses. Sin embargo, la respuesta de ciertas gestoras ha sido la de proteger el valor de sus activos a toda costa, incluso si ello implica ignorar las advertencias de evaluadores externos.
Cambiar las Reglas para Evitar la Realidad
La maniobra es sutil pero de graves consecuencias. Al modificar sus políticas internas para prescindir de las valoraciones de terceros, estas entidades evitan la obligación de clasificar la deuda francesa como un activo de mayor riesgo y, por tanto, de provisionar o vender, lo que provocaría pérdidas inmediatas. En la práctica, están creando una realidad contable paralela donde los activos ‘basura’ no se reconocen como tales.
Esta estrategia de ‘cerrar los ojos’ recuerda peligrosamente a las prácticas que condujeron a la crisis financiera de 2008. El objetivo parece ser deshacerse de estos activos tóxicos de forma gradual y silenciosa, traspasando el riesgo a otros actores del mercado sin que el precio se desplome. Como describe Nassim Nicholas Taleb en su obra «Jugarse la piel», se trata de una transferencia de riesgo donde los gestores no asumen las consecuencias de sus propias decisiones de inversión.
El Riesgo Sistémico para la Eurozona
La cuestión trasciende la gestión de unos pocos fondos. Dada la posición central de Francia en la Unión Europea, la inestabilidad de su deuda pública representa una amenaza directa para la supervivencia del euro. Mantener artificialmente el valor de sus bonos no soluciona el problema de fondo, simplemente lo aplaza y lo agrava.
Si la situación financiera de Francia continúa deteriorándose, una intervención podría ser inevitable para mantener la estabilidad de la moneda única. Mientras tanto, la decisión de estas gestoras de ignorar las señales de alarma crea una peligrosa falta de transparencia que mina la confianza en el sistema y deja a los inversores desprotegidos ante una crisis que, lejos de evitarse, podría estar gestándose a plena vista.
