El terremoto en la cúpula de Indra, con la dimisión irrevocable de Ángel Escribano el pasado 1 de abril, no es un simple relevo en la presidencia. Es la crónica de un fracaso anunciado: el del intervencionismo estatal y el ‘capitalismo de amiguetes’ que el Gobierno de Pedro Sánchez ha intentado imponer en una de las joyas tecnológicas de España. La salida de Escribano, lejos de ser voluntaria, es el resultado de una asfixiante presión desde Moncloa para sacrificar a su propio peón cuando el incendio reputacional y el expolio de capital amenazaban con devorar el proyecto.
La narrativa oficial habla de un paso al lado para facilitar una nueva etapa. La realidad es que el Gobierno ha forzado la salida de Escribano para intentar contener el daño causado por su propia estrategia: una toma de control hostil que ha destruido valor, ahuyentado a inversores y sembrado la desconfianza en los mercados internacionales.
El Expolio de Capital: La Intervención Estatal Pasa Factura
La estrategia del Ejecutivo, ejecutada a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), ha sido clara: tomar el control de Indra a cualquier coste. Este asalto ha tenido consecuencias devastadoras para los accionistas, que han visto cómo el valor de la compañía se ha erosionado por la incertidumbre y la mala gobernanza.
La toma de control por parte de la SEPI, que ya ostenta el 28% del capital, y la purga de consejeros independientes en 2022, han provocado una pérdida de valor bursátil estimada en 924 millones de euros. Este es el precio que han pagado los accionistas por una gestión supeditada a intereses políticos.
La desconfianza se ha traducido en una fuga de capital sin precedentes. Fondos de prestigio como Vanguard y T. Rowe Price han reducido su exposición, mientras que socios que en su día fueron estratégicos, como Amber Capital, han recortado drásticamente su participación del 7,2% a apenas un 5,2%, en un claro gesto de desaprobación. El mensaje del mercado es inequívoco: la politización de Indra es un veneno para su competitividad.
Ascenso Meteórico y Contratos a Medida
Para entender la caída de Escribano hay que analizar su fulgurante ascenso, un fenómeno que desafía toda lógica empresarial y que solo se explica por el amparo del poder. Su empresa familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), experimentó un crecimiento estratosférico cimentado en adjudicaciones públicas.
La facturación de EM&E pasó de 44 millones de euros en 2019 a 355 millones en 2024. Un crecimiento del 800% impulsado por contratos públicos, como la polémica adjudicación de 36 millones para respiradores durante la pandemia, un sector en el que no tenía experiencia previa.
Este patrón de favoritismo, con adjudicaciones directas y procedimientos negociados sin publicidad, creó un ‘campeón nacional’ artificial, dependiente de las decisiones de Moncloa. El mismo poder que lo aupó es el que ahora lo ha dejado caer.
Conflicto de Interés y la Complicidad de la CNMV
El detonante final de la crisis ha sido un flagrante conflicto de interés que nunca debió permitirse. Escribano presidía Indra mientras su empresa familiar, EM&E, competía y colaboraba en los mismos programas de defensa. La situación alcanzó el esperpento con el plan de fusión entre ambas compañías, una operación de más de 1.000 millones donde Escribano era, simultáneamente, comprador y vendedor.
La dualidad de Ángel Escribano violaba los principios más básicos del buen gobierno corporativo. Su posición como presidente de Indra y máximo accionista de EM&E creaba un conflicto de interés estructural. La Ley de Sociedades de Capital es clara sobre el deber de lealtad de los administradores, que deben evitar situaciones que puedan anteponer sus intereses personales a los de la sociedad que administran. El silencio prolongado de la CNMV ante esta situación y la concertación previa entre SEPI, SAPA y Amber para controlar el consejo ha sido calificado por múltiples analistas como una dejación de funciones inaceptable.
– Ángel Escribano, en declaraciones a El Debate (08/04/2024), tras su dimisión.
El Fracaso de un Modelo Intervencionista
La caída de Escribano simboliza el fracaso de un modelo basado en la creación de conglomerados industriales mediante el favor político en lugar de la competencia y la meritocracia. El Gobierno, al percibir que el desgaste personal de su elegido ponía en riesgo la llegada de fondos europeos y la estabilidad de la propia compañía, no dudó en sacrificarlo.
La nueva dirección, con José Vicente de los Mozos como CEO y la supervisión de Marc Murtra, tiene la titánica tarea de restaurar la credibilidad perdida. Sin embargo, el tablero de juego sigue controlado por el mismo actor que provocó la crisis: el Estado. Con un capital flotante reducido al 35%, la capacidad de los accionistas minoritarios para defender sus intereses es limitada.
El mercado y la industria de defensa española esperan que Indra recupere su rumbo, alejada de las tramas de influencias y centrada en la innovación. Pero la sombra de la sospecha es alargada, especialmente si, como se teme, el Ejecutivo vuelve a la carga en unos meses para intentar la compra de EM&E, cerrando el círculo de una operación que beneficiaría de nuevo a Escribano, esta vez lejos de los focos. Un reseteo en falso para que, en el fondo, nada cambie.
