Las encuestas vuelven a colocar a Alberto Núñez Feijóo a las puertas de La Moncloa, una posición que el Partido Popular conoce bien y que, paradójicamente, le ha traído más frustraciones que alegrías en la historia reciente. Sucedió en 1993 con Aznar, en 2008 con Rajoy y en 2023 con el propio Feijóo. La euforia demoscópica se transformó en una amarga noche electoral. Hoy, con un Gobierno de Pedro Sánchez debilitado por sus pactos y acosado por escándalos, el PP vuelve a sentir el vértigo de la victoria, el temido «mal de altura» que nubla el juicio y minimiza los riesgos.
El promedio de las encuestas publicadas sitúa al PP con una ventaja de entre 4 y 6 puntos sobre el PSOE. El sondeo de GAD3 para ABC de junio de 2024 otorga al PP entre 154 y 158 escaños, frente a los 119-123 del PSOE. Sin embargo, esta cifra sigue lejos de la mayoría absoluta (176), haciendo indispensable un pacto con un Vox en horas bajas. Fuente: ABC.es
En Génova son conscientes de que el mayor enemigo no es solo un Pedro Sánchez experto en la supervivencia política, sino los fantasmas internos que el partido arrastra. La debilidad del bloque de la izquierda y la fragmentación parlamentaria ofrecen una oportunidad de oro, pero el camino hacia el poder está minado por frentes judiciales, desequilibrios territoriales y la implosión controlada de su socio natural, Vox.
El Lastre de la Corrupción: ‘Kitchen’ y los Escándalos Territoriales
El pasado nunca se va del todo en el PP. El juicio del ‘caso Kitchen’ es el recordatorio más doloroso de una época que Feijóo intenta dejar atrás. La investigación sobre la presunta operación parapolicial para espiar al extesorero Luis Bárcenas utilizando recursos del Ministerio del Interior de Mariano Rajoy es una bomba de relojería para la credibilidad del partido.
La pieza separada del ‘caso Villarejo’ investiga el presunto uso de fondos reservados y efectivos de la Policía Nacional para sustraer a Luis Bárcenas documentación comprometedora para altos cargos del PP. En el banquillo se sientan el exministro Jorge Fernández Díaz, para quien la Fiscalía Anticorrupción pide 15 años de prisión, y su cúpula de Interior. Se les acusa de delitos de encubrimiento, malversación y contra la intimidad. Este caso no es solo corrupción, es el presunto uso del aparato del Estado para fines partidistas. Fuente: El Mundo.
Pero el problema no se limita a la herencia de Rajoy. Nuevos casos salpican a la estructura territorial del partido, alimentando el relato de la izquierda sobre una corrupción sistémica:
- Alicante: Se investiga la adjudicación de viviendas de protección oficial, con piscina y zonas deportivas, a cargos y personas vinculadas al PP local, en un claro ejemplo de presunto clientelismo con recursos públicos.
- Almería: La UCO investiga al expresidente de la Diputación, Javier Aureliano García, en el marco del ‘caso Mascarillas’, por indicios de uso de fondos públicos para fines personales, incluyendo el pago de una hipoteca. Fuente: Vozpópuli.
Desafíos Internos: El ‘Verso Libre’ de Ayuso y la Irrelevancia en Cataluña
Más allá de los tribunales, Feijóo debe gestionar un partido con fuertes desequilibrios. En Madrid, Isabel Díaz Ayuso ha consolidado un poder inmenso. Aunque la guerra interna con Génova parece apaciguada, su estilo confrontativo y su agenda propia la convierten en un activo electoral de doble filo. Ayuso marca el paso en la oposición a Sánchez, a menudo con más dureza que el propio líder nacional, lo que genera una bicefalia mediática que puede desgastar el liderazgo de Feijóo.
El contrapunto es Cataluña, donde el PP de Alejandro Fernández no logra despegar. Pese a una leve mejoría en las últimas elecciones autonómicas, el partido sigue siendo una fuerza minoritaria, incapaz de construir un proyecto sólido que compita con el PSC y el nacionalismo. Esta debilidad estructural en territorios clave como Cataluña y el País Vasco impide a Feijóo presentar un proyecto verdaderamente nacional y cohesionado.
La Incógnita de Vox: Un Socio en Plena Deconstrucción
Por si los problemas internos fueran pocos, el socio indispensable para una hipotética investidura, Vox, atraviesa su peor crisis desde su irrupción. La formación de Santiago Abascal ha perdido la frescura y la cohesión que la caracterizaban, enredada en luchas internas, purgas de críticos y polémicas sobre su financiación y transparencia.
Vox, que nació con un discurso de regeneración y transparencia frente a la «partitocracia», se enfrenta ahora a serias dudas sobre su propia gestión. Las transferencias millonarias del partido a su ‘think tank’, la Fundación Disenso, la polémica gestión de donaciones para la DANA a través de su organización juvenil Revuelta, o la contratación de familiares de dirigentes en medios afines, han erosionado gravemente su imagen. Fuente: The Objective.
Este desgaste convierte a Vox en un socio impredecible y cada vez más tóxico para el electorado moderado que el PP necesita atraer. La crisis de Vox no necesariamente se traduce en un trasvase masivo de votos al PP; también puede desmovilizar a una parte del electorado de derechas, frustrado con ambas formaciones. Para Feijóo, gobernar con un Vox debilitado y radicalizado podría ser tan complejo como alcanzar la investidura.
En definitiva, Alberto Núñez Feijóo se encuentra en una encrucijada. Las urnas parecen sonreírle, pero su camino a Moncloa es un campo de minas. Debe luchar contra el ‘mal de altura’, gestionar un pasado judicial que se niega a morir y lidiar con un socio potencial que se desmorona. La historia reciente demuestra que, en la política española, las victorias nunca deben darse por sentadas.
