La celebración de la victoria de España en la Copa del Mundo se transformó en una pesadilla en Berriozar (Navarra). Lejos de ser un incidente aislado, la brutal agresión perpetrada por una veintena de encapuchados contra aficionados que veían el partido en una terraza ha destapado, una vez más, la peligrosa connivencia de ciertos sectores políticos con la violencia. Lo más grave no es solo el ataque en sí, sino la inaceptable reacción del alcalde de la localidad, Iker Mariezkurrena (EH Bildu), que ha optado por señalar a las víctimas en lugar de condenar sin paliativos a los agresores.
El ataque se saldó con tres militares heridos, uno de ellos de gravedad con una herida abierta y varias costillas rotas. En total, media docena de personas necesitaron atención médica tras ser atacadas con barras y porras extensibles por un grupo organizado. La Guardia Civil ya investiga los hechos.
La Inaceptable Justificación del Alcalde de Bildu
En un primer momento, el alcalde de EH Bildu emitió una nota de prensa con una condena genérica y tibia, lamentando unos hechos que «no deberían producirse nunca» y haciendo un vago llamamiento a la «convivencia democrática». Sin embargo, la verdadera postura del regidor quedó al descubierto en privado, en una conversación que demuestra una peligrosa inversión de la culpa.
Según desveló The Objective, en el grupo de WhatsApp de portavoces del consistorio, el alcalde Mariezkurrena justificó la agresión con este mensaje: «En la terraza del Eatalian había miembros de Núcleo Nacional, organización fascista». Con esta afirmación, aún por demostrar, el alcalde no solo difama a las víctimas, sino que ofrece una coartada ideológica a los violentos.
Esta estrategia no es nueva: consiste en deshumanizar a la víctima y presentarla como merecedora del ataque, convirtiendo un acto de violencia radical en una suerte de respuesta a una supuesta provocación. Se pasa de condenar a los encapuchados a investigar la filiación política de los agredidos, un marco inaceptable en un Estado de derecho.
El PP Denuncia la Creación de ‘Víctimas de Segunda’
La reacción del Partido Popular de Berriozar fue inmediata y contundente. Su portavoz, Daniel Cuesta, afeó al alcalde su vergonzosa actitud y le exigió una condena inequívoca de la violencia, en lugar de sembrar dudas sobre los agredidos.
«Lo que se esperaba escuchar del alcalde era una condena clara e inequívoca de una agresión organizada. Sin embargo, ha preferido trasladar información sobre la supuesta ideología de quienes recibieron los golpes. Esa forma de actuar es inaceptable. En Berriozar no puede haber víctimas de primera y víctimas de segunda según cuál sea su ideología».
— Daniel Cuesta, portavoz del PP en Berriozar.
El Código Penal contempla los delitos de odio, que se cometen cuando la violencia o la discriminación se dirigen contra una persona por su ideología. Justificar una agresión basándose en la supuesta filiación política de la víctima es una grave irresponsabilidad para un cargo público, ya que legitima la violencia como herramienta política y atenta contra los principios fundamentales de convivencia y seguridad jurídica.
El Silencio Cómplice del Socialismo Navarro
Mientras la polémica crece, resulta ensordecedor el silencio de la presidenta de Navarra, la socialista María Chivite. Su gobierno se apoya en socios como EH Bildu, el mismo partido que en Berriozar se niega a condenar sin ambages una agresión de extrema gravedad y prefiere poner el foco en las víctimas. Este silencio puede interpretarse como una cesión ante sus socios radicales, un peaje político que se paga a costa de la seguridad y la libertad de los ciudadanos navarros.
Lo ocurrido en Berriozar no es solo una agresión. Es un síntoma de la degradación del debate público y de la peligrosa normalización de discursos que justifican la violencia contra quien piensa diferente. Cuando un alcalde, en lugar de proteger a sus vecinos, los clasifica ideológicamente para decidir si merecen o no amparo, todas las alarmas democráticas deberían saltar.
