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El Principio de Prudencia frente al Oportunismo: La Lección Técnica de Sanz a Puente en la Tragedia de Los Gallardos

La instrumentalización de la tragedia con fines partidistas revela una degradación institucional que trasciende la propia catástrofe. La precipitación del ministro Óscar Puente al censurar la gestión de la Junta de Andalucía en el incendio de Los Gallardos, sin comprender la naturaleza de las herramientas de emergencia, no es solo una imprudencia, sino un síntoma alarmante del uso del aparato del Estado como plataforma para el ataque político, incluso cuando el luto y la urgencia exigen mesura y colaboración.

El trágico incendio forestal declarado en Los Gallardos (Almería) a principios de julio de 2026 ha causado al menos 12 víctimas mortales. En medio de la catástrofe, ha surgido una agria polémica política en torno a la no activación del sistema de alerta masiva a la población ES-Alert. El ministro Óscar Puente criticó la decisión, insinuando una negligencia por parte del gobierno andaluz. En respuesta, el consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, defendió el 10 de julio de 2026 que la decisión se basó en criterios puramente técnicos. Según Sanz y el presidente Juanma Moreno, el sistema es una herramienta para grandes áreas y, en este caso, habría enviado un mensaje de evacuación indiscriminado a ciudadanos que debían confinarse, aumentando el riesgo y la confusión.

La respuesta del consejero Antonio Sanz, “el que habla no tiene ni idea”, aunque contundente, es ante todo una defensa de la racionalidad técnica frente a la demagogia. El sistema ES-Alert, una herramienta de difusión masiva por diseño, carece de la granularidad necesaria para gestionar una emergencia compleja en un territorio reducido y heterogéneo. Como bien explicó Sanz, su activación indiscriminada habría enviado una orden de evacuación a ciudadanos cuya supervivencia dependía, precisamente, del confinamiento. Este dilema no es trivial; es la esencia de la gestión de crisis, donde una solución universal puede convertirse en un acelerador del desastre.

El Deber de Saber antes de Hablar

La crítica de Puente ignora un principio fundamental de la buena gobernanza: la competencia. Un ministro de la nación tiene la obligación de conocer el funcionamiento de los instrumentos del Estado antes de emitir juicios públicos, especialmente cuando estos pueden socavar la confianza en los equipos de emergencia que operan sobre el terreno. La explicación de Sanz no es una excusa a posteriori, sino la exposición de una limitación técnica inherente al sistema. Pretender que se aplique un protocolo de forma ciega, ignorando sus potenciales consecuencias negativas, es la definición misma de la negligencia que se pretende denunciar.

La diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever. – Frédéric Bastiat

La analogía de Bastiat es aquí perfectamente aplicable. El ministro se aferra a lo “visible” —no se pulsó un botón—, mientras que los técnicos en el terreno, con Sanz como portavoz, tuvieron que sopesar las consecuencias “invisibles” y previsibles de esa acción: pánico, rutas de evacuación colapsadas y ciudadanos saliendo de sus refugios seguros hacia el peligro. La decisión de la Junta, respaldada por los informes de la dirección de la emergencia, se fundamentó en el principio de prudencia y en la confianza en los avisos personalizados que ya estaban realizando la Guardia Civil y la Policía Local, un método más lento pero infinitamente más preciso y seguro en ese contexto.

Ante una emergencia, ¿debe prevalecer la aplicación ciega de un protocolo nacional o el juicio técnico adaptado a la realidad del terreno, aun a riesgo de ser utilizado como arma política?

Finalmente, este episodio deja una reflexión amarga sobre la salud de nuestro debate público. La búsqueda de un rédito político inmediato a costa de la verdad técnica y la lealtad institucional en momentos de máxima vulnerabilidad social es un veneno que corroe los cimientos de la confianza ciudadana. La tragedia de Los Gallardos no solo se mide en hectáreas quemadas y vidas perdidas, sino también en la evidencia de que, para algunos, ni siquiera el dolor ajeno es un límite para la contienda partidista.

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